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DESDE que en 1882 Darío de Regoyos abriera por Segovia el portón de Castilla a la pintura vasca, los grandes artistas que vivieron a caballo entre los siglos xix y xx comenzaron a sentir una especial predilección por «lo castellano», encarnado en unas gentes y unos pueblos ancestrales y primitivos, herederos de una tradición de siglos. En 1988 Regoyos y el poeta belga Emile Verhaeren recorren la mesetas castellana y, al término de su viaje, editan el célebre libro La España Negra, auténtico paisaje literario de Castilla, coincidente en sus planteamientos con el espíritu de la Generación de¡ 98, que nos transmitía una visión desmesurada y tremendista, bárbara y mísera de Castilla, quintaesencia de la España negra. |