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Palencia homenajea al pintor Antonio de la Peña con una placa en su casa natal de la calle Panaderas Al acto, organizado por la Asociación Cultural Muriel, asistió el alcalde Heliodoro Gallego Paco Gómez-Soto Me cuenta Rodríguez Lechón, presidente de la Asociación Cultural Muriel de Palencia que impulsó este homenaje, que el buen amigo Antonio de la Peña soportó la lágrima muy pegadita a las nuevas vibraciones que le subían por los recuerdos, que le dio una pincelada torera al aire nuevo de aquella mañana del 30 de agosto para vestirlo de brillos, y que aguantó como una gabarra/carro en los campos/ mares de Castilla el envite del homenaje bien sudado.
El pintor palentino, que a los quince años dejó sus primeros recorridos en pantalón corto para orillar Bilbao hasta entenderlo, parece como que pintaba impresiones no reveladas todavía mientras las autoridades descubrían la placa que inmortaliza con mármol a los inmortales. “Antonio de la Peña aprendió a pintar la ría desde la orilla del río”. Un reconocimiento al hombre, al artista, al palentino, al amigo... clavado para siempre en la casa donde descubrió los primeros colores, Panaderas esquina a Mancornador.
El alcalde Heliodoro Gallego dijo de Antonio de la Peña que es vital y creativo, un pintor enamorado de su Palencia natal. Lo es. De sus tierras y de sus gentes, de sus paisajes y de sus ternuras, de sus adioses y de sus encuentros, de sus amarillos y de sus tormentas, de sus chopos y de sus pastores sombríos. De la vida. Ahí quedó el homenaje, el encuentro con cosas nuevas, con sensaciones distintas. El arquitecto palentino Jesús Mateo Pinilla, que presentó el acto, no regateó elogios y profundizó en el quehacer cotidiano de Antonio. De un pintor que todavía se sorprende hasta quedarse mudo ante un riachuelo que sortea una roca como si nada en una mañana cualquiera de un otoño por venir en cualquier punto del planeta. Y además lo pinta hasta inyectarle el silencio que lo envuelve todo. Le pone un marco, lo cuelga, y el riachuelo sigue palpitando lienzo abajo. Una joya. |