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(Al pintor Antonio de la Peña, que elogio porque ilumina el mar con gracia,
con ingenio, con valentia, con policromía, para su gran libro)
En la voraz retina de tus anclas bordean las sirenas por los linos y un estruendo de mar en tu silencio pone color al címbalo de espuma.
Hablando los pinceles infalibles
en sí encuentran el cénit de sus barcas cuando expresan la lluvia del salitre doblegando latidos sobre el fondo.
Desde la costa enhiestas la mirada flotando la resaca su lenguaje mientras las grúas seculares cantan colgadas del poder de tus impulsos.
Mojado por la infancia de tus sueños explayas a tu plétora paleta por esa lentitud de las gabarras hasta poner el orbe sobre el puerto.
Un cielo azul de humo enrojecido al fósforo del faro lo detiene. ¡Es flujo del agua metalúrgica dislocando las olas de la Ría!
MERCEDES ESTIBALIZ
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