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Cuando sus ágiles trazos de color, armonía, luz y brumas se plasman en sus lienzos,
su pintura se convierte en poemas de paisajes que regocijan el alma.
Su tierra castellana toma vida,
cuando en sus firmes manos,
los pinceles captan sus colores ocres. Y el trigo rubio,
fruto de[ tesón de los labradores, brilla más que el sol.
Esa estepa, por donde el «Cid Campeador» galopaba montado a la grupa de su caballo «Babieca»,
-cobra vida espjendorosa en sus lienzos-.
Cuando pinta las montañas y los pueblos «Vascos», en un fluir incesante de vivencias, sombras y sonidos, -que nacen desde el fondo de su alma-, éstos invitan a tocar el cielo con las manos, a soñar mil paraísos de colores.
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