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(Al pintor Antonio de la Peña, que elogio porque ilumina el mar con gracia,
con ingenio, con valentia, con policromía, para su gran libro)
En la voraz retina de tus anclas bordean las sirenas por los linos y un estruendo de mar en tu silencio pone color al címbalo de espuma.
Hablando los pinceles infalibles
en sí encuentran el cénit de sus barcas cuando expresan la lluvia del salitre doblegando latidos sobre el fondo.
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